Me asombro cada día de aún no estar curada de espanto de las barrabasadas que se ven en la carretera y de que no haya más accidentes de los que hay.
De que todos alguna vez sobrepasamos los límites de velocidad, no me asusto y entono el "mea culpa" la primera, aunque trato de respetarlos, pero que se hagan cambios de sentido en una isleta teniendo a 3 metros una rotonda o un cambio de sentido, aparcar en plena carretera dificultando el tránsito del resto de vehículos, aparcar delante de viviendas o portales sin dejar salir o entrar, adelantamientos ya no sólo en linea continua si no sin visibilidad y poniendo en riesgo la vida del resto de conductores y transeúntes, sin olvidarme de los que tiran las colillas a la carretera y más aquí con la vegetación que puebla en las cunetas, ya que aún no se han enterado o que no quieren enterarse de que está prohibido en el código de circulación. Todo esto u alguna cosa más que me dejo en el tintero me parece desconsideración hacia el resto de la gente y hacía la madre naturaleza y claro para esta gente cuando la guardia civil te multa es por engrosar las arcas del estado o por fastiadiarte porque se aburren o porque están cabreados porque les toca turno de noche, no por hacer su trabajo y si están haciendo un control de alcoholemia y te pillan por encima de la tasa permitida no es para velar por la seguridad del resto de ciudadanos y evitar accidentes, es porque son unos "cabrones" que te tienen manía y por eso te sacan puntos y tú no has cometido ninguna infracción. Y es que la frase más repetida por alguien en estado de ebriedad es "yo controlo", aunque este vaya haciendo eses cuando camina y sus palabras sean casi ininteligibles y hablo con conocimiento de causa ya que no bebo, porque no me gusta, es que soy un especimen raro, pero esto me permite ver las cosas desde otro punto de vista y posiblemente con el cristal más claro.
No se si es la costumbre, el estres del día a día o el que que se nos olvida que tenemos vecinos o se nos olvida simplemente la educación que recibimos y que con el desuso se va perdiendo y ya no pasa de generación en generación como antes y no nos damos cuenta de que igual nuestra música les molesta porque está alta o que igual ellos y sus hijos duermen a altas horas de la madrugada cuando nosotros llegamos de fiesta. Nos volvemos tan egoistas que nos creemos el ombligo del mundo y se nos olvida el civismo, entre otras cualidades que igual comento otro día.
La gente cada vez entiende menos que necesitamos unas reglas a las que ceñirnos porque si todos hicieramos lo que nos diera la real gana viviríamos en el caos. Cada vez somos menos cívicos y es nos guste o no es la herencia que le estamos dejando a nuestros hijos.
Moraleja: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a tí.
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